Inongo vi Makomè

“ISSUBU”, una novela de Inongo-Vi-Makomé

Publicado 24.09.2016 en Blog, Prensa | 0 comentarios

“ISSUBU”, una novela de Inongo-Vi-Makomé

La dimisión de África

Una reseña de Fernando Bellón 

Uno de los géneros más fecundos en la historia de la novela es la narración didáctica. De hecho, hasta el siglo XX pocos autores defendían que sus obras no lo fueran. Hoy si se dice de una novela que es didáctica, moralizante y cosas así, se le hace daño comercial. No es el caso de Issubu, última creación de Inongo-vi-Makomé, escritor en español nacido en Camerún, de la etnia batanga.

Issubu esIMG_1148 una novela ejemplar, en el sentido de que su autor ha querido manifestar con ella un rasgo enfermizo de la sociedad africana. Puesto que es difícil que Inongo esté alguna vez en el panel de los autores mas vendidos, no es ningún ataque comercial decir que su literatura tiene mucho de didáctica.

Issubu fue publicada por ediciones Carena en abril de este año, se desarrolla en Camerún, y gira en torno a la responsabilidad moral de su protagonista, Mpwadina, ante un episodio de abuso de un sacerdote católico (negro) que en Europa sería considerado pedofilia.

Issubu es una novela bien planteada, bien escrita y con un contenido pedagógico propio de un Voltaire o de Diderot africano. Por eso la recomiendo.

A Inongo-vi-Makomé, sus amigos más antiguos y sus familiares le llaman Calvin, que es su nombre de pila. Pero cuando se comprometió con las letras, empezó a llamarse Inongo-vi-Makomé.

Inongo vino a España hace décadas con una beca para estudiar medicina. Nunca acabó la carrera. Se sintió incapaz de adaptarse a la convencionalidad. Y supongo que influiría en ello la mirada de sorpresa de los usuarios de la Sanidad predemocrática al encontrarse con un doctor de piel negra en la consulta. Que un negro diagnosticara la enfermedad de un blanco era algo impensable hace años. Hoy sigue siendo raro en España.

No obstante, es preciso subrayar que el propio sistema sanitario y político no puso trabas imposibles a los doctores africanos, por lo demás, muy escasos. Era el personal paciente quien no se encontraba a gusto con ellos. No sé ahora como estarán las cosas.

Inongo, la doctora

Inongo, la doctora Pepita Matongo, española de origen guineano y la hija de ésta.

Yo conozco a Inongo desde hace unos treinta años. Siempre me ha sorprendido su generosidad de naturaleza tan pura que roza la ingenuidad. El mérito de estas cualidades es doble, porque la reacción natural, inmediata de un negro, sea norteamericano, sea europeo, sea africano, ante la segregación que sigue sufriendo suele ser la ira y la suspicacia.

Si es difícil que un africano se abra paso en España, y se vaya situando en las capas más estables y seguras de la sociedad, cuando ese africano es una persona equilibrada y pacífica, sus posibilidades son todavía más escasas. A no ser que se trate de Inongo o de unos cuantos amigos más que conozco, y probablemente de muchos que no conozco.

Este contexto es el escenario europeo de Issubu. Y su protagonista Mpwadina, un hombre de mediana edad, residente en París, donde se ha casado con una mujer blanca y tiene una hija, es decir, un hombre felizmente “establecido” después de la odisea de la emigración. Este hombre es llamado desde su pueblo, Kribi, por su familia para que acuda a resolver un grave problema. A partir del capítulo tercero el escenario será la ciudad africana. En él se desarrolla la tragedia de Issubu, sobrina de Mpwadina, seducida por el padre Louis, sacerdote africano, con el agravante singular de pertenecer a una etnia rival.

Una forma de enfocar la trama de la novela es desde el punto de vista de la tragedia griega. Las nubes de odio y violencia étnica se arremolinan y están a punto de estallar.La sombra de Esquilo o de Sofocles está presente en el desenlace de Issubu. El daño ocasionado se ha de reparar, con frecuencia de un modo violento, aleccionador. Pero vamos a dejarlo aquí para no privar al posible lector del interés por la trama.

Hace cosa de diez o doce años, Inongo me decía que no soportaba a los misioneros, que eran la peste actual de África. Yo aludía a los beneficios materiales que llevan a los rincones y desiertos del continente, sus esfuerzos por la inculturación, y argumentos de este cariz. Pero Inongo se refería al símbolo engañoso que representaban, los salvadores de la raza decaída tras siglos de razzias para comerciar con esclavos y otro siglo de colonialismo.

A Inongo le molestaba la incongruencia, la contradicción, la traición de los misioneros a sus doctrinas de auxilio y conducta ejemplar. El ejemplo más patente, aseguraba, era que todos tenían barraganas o mancebas, a veces más de una. Yo reaccioné con incredulidad. Pero si Inongo lo afirmaba, no cabía imaginar una trampa o una mentira.

El autor Inongo-Vi-Makomé, a la orilla del río Lobe de Camerún, el único que desemboca en el mar mediante una catarata, y que forma parte de la novela.

El autor Inongo-Vi-Makomé, a la orilla del río Lobe de Camerún, el único que desemboca en el mar mediante una catarata, y que forma parte de la novela.

En Europa, el tema de Issubu sería la pedofilia. Pero ese enfoque no interesa al autor. Inongo no quiere poner en evidencia las flaquezas de una Iglesia que compromete a sus sacerdotes con algo muy difícil, el celibato. El tema de Inongo es que la religión es uno de los agentes de destrucción de la sociedad africana. Las cristianas y la islámica. Han penetrado en el continente y han introducido en la mentalidad africana un concepto de la culpa que somete al nuevo bautizado al poder. Esto, en unas comunidades cuyo amor propio ha sido minado por la esclavitud y el colonialismo, tiene consecuencias fatales. África ha dimitido, descubre Mpwadina. Los africanos han cambiado sus tradiciones, su forma propia de entender la vida, por el tejido asfixiante de la cultura occidental.

Esto es algo que a Inongo le preocupa desde hace tiempo. En sus excelentes ensayos, España y los negros africanos y La emigración negroafricana, tragedia y esperanza, Inongo ha realizado un duro análisis de hechos que él ha vivido en su persona desde que desembarcó en Europa. Todo ha ido a peor, como puede deducirse de los incesantes naufragios en el Mediterraneo de africanos que huyen de la pobreza. Hace veinte años, Inongo saludaba a los negros desconocidos que se encontraba en el metro de Barcelona o en las calles de Madrid o de Valencia. Era su manera de darles aliento, de simpatizar con ellos. Hoy no sé si lo sigue haciendo, porque se pasaría el día sonriendo a unos y a otros, sin poder concentrarse en sus asuntos.

Esas personas huyen de la miseria y de la violencia. El punto álgido de la novela es cuando Mpwadina pierde la razón y decide encabezar una guerra contra la etnia del sacerdote. Antes de llevarla a cabo, los jefes de las etnias se ponen de acuerdo en no matarse. Es el mensaje moral de Inongo, la responsabilidad moral de los sabios, de los dirigentes, que luchan esta vez por no dejarse arrebatar por el destino.

Mpwadine hace un discurso público en el que Inongo resume su pensamiento, y da el primer paso para que los africanos recuperen su voluntad. Esto es algo que contradice la realidad diaria en África, donde han muerto más personas víctimas de los conflictos étnicos que en ningún oro lugar del mundo, millones de hutus y tutsis, centenares de miles de diversas etnias congoleñas, sudaneses de todos los registros políticos y religiosos, chadianos, sierraleoneses, liberianos, somalíes, etíopes…

El final de la novela es también aleccionador, e imagino que le habrá costado quebrantos interiores a su autor. El protagonista, Mpwadina, decide no regresar a París. Es su esposa blanca y su hija mulata las que se reúnen con él en Camerún. Quizá sea una admonición de Inongo hacia sí mismo. Quizá sea un sueño que en la literatura es realizable, y en la vida real costoso.

Inongo-vi-Makome es novelista ensayista y dramaturgo, vive misteriosamente de su trabajo, y no pierde la esperanza de que los africanos se sacudan la “dimisión” a la que se han resignado.

 

Fuente: http://agroicultura.com/general/issubu-una-novela-de-inongo-vi-makome/

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