Inongo vi Makomè

Los Robin Hood a la africana

Publicado 25.03.2016 en Blog, Opinión | 0 comentarios

Cuentan que un edil de un pueblo suizo ha condecorado al presidente de Camerún, Paul Biya, en agradecimiento y reconocimiento a su generosa aportación monetaria, después de haber pasado varios días de vacaciones con su séquito en su municipio. ¡Es todo un notición! ¡Un alcalde suizo decorando a un presidente negro de un país pobre y de negros…!

Alguien dijo una vez que, cuando se vive lo suficientemente largo, se descubre que toda victoria se convierte en derrota. Yo añadiría aquí, que esa misma longevidad acaba haciendo descubrir que las derrotas se convierten en victorias. Robín Hood, por ejemplo en su tiempo, robaba a los ricos para donar lo robado a los pobres. En los últimos tiempos, nuestros presidentes africanos roban a sus países y ciudadanos pobres, para entregar lo robado a los ricos. Ayer nuestros colonos perdieron y nosotros ganamos. Se volvieron ex colonos, y nosotros ex colonizados. Hoy nuestros presidentes, roban a sus pueblos para ir a enriquecer aún más a los “perdedores” de ayer, lo que les convierte cada vez más en neo colonos y nosotros en neo colonizados.

Se entiende entonces la condecoración de Biya por parte de los suizos. Es un gesto que da aliento a muchos como él. Hace poco se hablaba de la detención en Suiza de la primera dama de un país centroafricano, por transportar un maletín lleno de millones. En los últimos años ya se conocía las generosas aportaciones que el primogénito de esa señora viene haciendo en los diversos países ricos. Cuando el Sr. Presidente, marido de la primera dama, se enteró del incidente, se desplazó a Suiza con más dinero para liberar a su esposa. Lo robado a su país y donado a Suiza sólo por este incidente, nunca se sabrá… Algunos años atrás, aquí en Barcelona, murió en una prestigiosa clínica el presidente de Gabón, Omar Bongo. La noticia de su fallecimiento fue callada y ocultada a la opinión pública durante semanas, en espera de que Francia preparara con éxito el trono al hijo del fallecido. Fue noticia en su día los gastos realizados por los acompañantes del difunto en la ciudad de Barcelona durante aquellas semanas. Se dice que se alquiló una planta entera de dicha clínica, los hoteles y coches de lujo con el ilustre huésped muerto. “tienes que venir a verlo, Inongo, es un escándalo…”, me recomendó una enfermera de la clínica. Los miembros del sequito, mujeres y hombres paseaban con sus lujosas compras yendo de un lugar a otro. Si aquella vez, el difunto Bongo no recibió un medallón a título póstumo por parte de la alcaldía de la ciudad de entonces, fue seguramente por lo que se murmura aquí, que a los catalanes les cuesta abrir la cartera (¿virtud o defecto?), seguramente por eso no se le compró la medalla para la condecoración…

Podemos por lo tanto afirmar sin riesgo de equivocarnos, que casi todos nuestros presidentes dictadores negros africanos actúan como Robín Hood, pero a la africana: Roban a sus pobres para enriquecer aún más a los ricos. Tienen la bendición y protección de todo y de todos, por eso gozan de tan larga vida. Desde el cielo los protegen los numerosos Dioses de otros pueblos y cielos que han invadido el nuestro encarcelando al Nuestro de allí (esto lo explico en otro trabajo…), y en la tierra lo hacen los grandes amos de la tierra por su generosidad.

Nosotros sus vasallos estamos noqueados y atontados. Ya cuesta definir si nuestras naciones son repúblicas o monarquías. Yo las vengo reconociendo como repúblicas monárquicas. Nuestros mandamases son presidentes y reyes a la vez. Se hacen elegir cada cierto tiempo como cualquier presidente de una república a través de las constituciones que elaboran a su conveniencia. Envejecen en sus cargos para luego ser sustituidos por sus hijos u otros miembros del entorno, también como cualquier rey de una monarquía. Están bendecidos por todo y por todos. Algunos ya deben de llevar pañales debajo de los pantalones, porque el “almacén” físico y natural ya no da de sí para controlar la rebeldía de la orina… Pero allí están los pañales, los pantalones y los trajes para tapar esa debilidad y aparentar toda normalidad. Lo mismo debe pasar con otros órganos del cuerpo como el cerebro, y allí están también las esposas, los hijos, los familiares y demás miembros del séquito para hacer el papel de los pañales y proyectar también la imagen de normalidad. Todos ellos son “pañales humanos” que protegen a nuestros presidentes-reyes dictadores del momento y del lugar. Como vemos, sólo hay bendición para ellos…

Es verdad que llegado aquí, a uno le entran ganas de agarrar la lanza y lanzar el grito de: ¡Rebeldía, a por el cambio! Pero no es posible, porque ello conduciría inmediatamente a más guerras civiles que una vez más llenarían nuestros países de cadáveres, mares de lágrimas y todo tipo de desgracias. Nuestros muertos y desgracias por el contrario aumentarían la felicidad de los más ricos del mundo por la gran cantidad de armas y demás instrumentos de muerte que habrán de vendernos. Esto nos convertiría inmediatamente también en otros “Robín Hood a la africana”, ya que empobreceremos aún más a nuestros pueblos, mientras enriquecemos más a los pueblos ricos.

A pesar de todo, ese grito de ¡Rebeldía, a por el cambio!, debe salir con toda la rabia posible, pero sin ir acompañado en ningún momento de una lanza. La Rebeldía por el cambio de la eliminación de los “Robín Hood a la africana” en nuestro continente debe llevarse de forma pacífica. Ha de hacer ver a los “pañales humanos” que los protegen que están defiendo la vergüenza, la injusticia…, y que han de unirse a los que defienden el honor y la justicia. El honor y la justicia de África. Hemos de expulsar juntos ese grito y conseguir el cambio.

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